Arde España y ¿alguien gana con ello?
Incendios en España: causas reales y consecuencias silenciadas
1. Bosques pirófitos y falta de mantenimiento
Gran parte del territorio forestal español está dominado por especies altamente inflamables, como eucaliptos y algunos pinos, favorecidas por su rentabilidad industrial. Sin embargo, estos monocultivos crean entornos de alta combustibilidad, potenciando la propagación de incendios devastadores cuando se suman con calor y viento.
Al mismo tiempo, la desatención del medio rural y la despoblación han dejado espacios forestales sin gestión. Según datos, solo un 20 % de la superficie forestal cuenta con planes de ordenación: el 80 % restante —mucho de él de propiedad privada— permanece sin mantenimiento, convirtiéndose en “biomasa lista para arder". En Cataluña, apenas el 30 % de las más de 2 millones de hectáreas tiene un plan de limpieza que prevenga incendios, pese a que el 75 % pertenece a propietarios privados que deben autorizar actuaciones.
2. Propietarios privados y gestión fragmentada
El 70–75 % de los montes en España están bajo propiedad privada, muchas veces fragmentada en parcelas pequeñas. Esta situación dificulta que la administración coordine acciones preventivas eficaces. En Galicia, hasta el 98 % del bosque es privado, lo que agrava aún más el abandono.
3. Extinción versus prevención: un desequilibrio alarmante
Los presupuestos públicos favorecen claramente la extinción frente a la prevención estructural. Por ejemplo, solo un 19 % va a prevención forestal, el resto se destina a apagar incendios. Desde hace más de una década, los expertos advierten que se insiste demasiado en apagar fuegos, sin invertir lo suficiente en mantener bosques seguros.
La inversión pública en prevención ha caído drásticamente: desde los mínimos históricos en 2017 (~850 millones €), sigue sin recuperarse adecuadamente. El Tribunal de Cuentas Europeo señala que los fondos de la UE no se aplican con eficacia en las zonas de mayor riesgo.
4. El círculo vicioso: poco mantenimiento y altos costes
Apagar incendios es excepcionalmente caro. Sofocar un fuego cuesta, en promedio, unos 19 000 €/hectárea, lo que implica millones de euros por años devastadores como 2025 (casi 99 000 ha quemadas) Pese a ello, la prevención sigue siendo residual.
5. La madera quemada: ¿una oportunidad rentable?
No hay evidencias según muchos medios afines a las grandes empresas pasteras o papeleras de que las madereras provoquen incendios; la idea de una “economía del fuego” orquestada es más mito que realidad, según muchos, pero el caso es que se ahorran un 25% mínimo en el precio de la madera.
No obstante, una vez ocurre un incendio, los propietarios —públicos o privados— pueden transformar su pérdida en algo útil: la madera quemada se subasta y acaba en manos de empresas papeleras, fabricantes de pellets, leña o carbón vegetal. En muchos casos, se vende a precios hasta un 25 % más bajos que la madera verde, pero sin duda quién la compra registra un descenso de los precios de un 25%. Existen evidencias policiales de artefactos muy sofisticados para causar incendios con multitud de focos. Estos se suelen perpetrar en días de viento y ola de calor.
Aunque hay cierto aprovechamiento económico, el verdadero perjudicado es el propietario, quien experimenta una pérdida de valor—no siempre compensada por la venta— por la inundación del mercado de madera quemada.
Conclusión
España se enfrenta a un desafío estructural: incendios recurrentes, amplificados por:
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Bosques inflamables y abandono forestal.
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Propiedad privada fragmentada y falta de ordenación.
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Presupuesto desbalanceado: extinción urgentísima, prevención casi inexistente.
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Madera quemada como paliativo económico, no como solución de fondo.
Lo urgente ya no basta: es hora de priorizar la gestión forestal, la prevención bien coordinada y la reagrupación de propietarios para evitar que el ciclo destructivo se repita cada verano.
Cuando se produce un gran incendio, la madera quemada pierde valor porque:
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Se deteriora su resistencia y calidad, sobre todo para usos de construcción o carpintería.
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La oferta aumenta de golpe en el mercado local (mucha madera en poco tiempo).
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Eso empuja los precios a la baja (hasta un 25–30 % menos que la madera “verde”).
Quienes sí pueden beneficiarse de esta bajada de precios son sobre todo:
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Empresas papeleras y de celulosa, que utilizan madera triturada para pasta de papel (el fuego no afecta tanto a esta materia prima).
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Fabricantes de pellets y biomasa, que requieren madera para astillado o peletizado.
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Industria de tableros aglomerados, donde la estética de la madera no es tan relevante.
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Comerciantes de leña y carbón vegetal, que pueden usar madera quemada tras un secado.
Para estas industrias, comprar madera quemada significa menor coste de materia prima. Por ejemplo, empresas como ENCE (papelera y energética) han llegado a aprovechar madera quemada en Galicia, siempre que cumpla ciertos estándares de humedad y estado.
👉 Esto puede convertir los incendios en un “negocio” planificado:
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Los propietarios de los montes pierden dinero porque venden más barato.
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Las aseguradoras y el Estado asumen costes enormes de recuperación y extinción.
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Solo ciertos compradores encuentran una oportunidad de abaratamiento, pero en un contexto de desastre generalizado.
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